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18-12-2025


Yolanda Ramos

"Yo no soy estrella, estoy un poco en la parra"



Vis cómica apabullante y creatividad sin lí­mites: son los ingredientes de una actriz que pervive en las retinas de todos desde su participación en 'Homo Zapping'. Igual de memorable serí­a su Noemí­ Argí¼elles en 'Paquita Salas'. "Una buena actriz tiene que ser muy chafardera y un poquito desgraciada", resume



ESTELA BANGO

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

Decí­a el inolvidable Alfredo Landa que el sentido del humor consiste en saber reí­rse de las propias desgracias. Como firme defensora de ese humor tan nuestro de Berlanga o Cuerda, Yolanda Ramos (Cerdanyola del Vallès, Barcelona, 1968) suscribirí­a totalmente esas palabras. Esta verdadera reina de la comedia no conoce filtros. A lo largo de su carrera, apabullante y variada, ha alternado con soltura las tablas con los platós.

 

- Comenzó su trayectoria profesional en el mí­tico cabaré El Molino, en Barcelona. ¿Por qué apostó por las variedades? 

- Para evitarme las frustraciones de ir a castings. Entraban tí­as guapí­simas y yo me sentí­a una friki. Recuerdo que me presentaba sin ir a la moda porque no tení­a dinero. Y, por supuesto, como me sigue pasando ahora, no actuaba de la manera que se llevaba en las pelí­culas. Para evitar ese conflicto pensé: "Me voy a ir a un sitio donde yo sepa que puedo hacer lo que hacen". Y aparecí­ en El Molino, que me encantaba. Supuse que, al igual que allí­ iba un señor provinciano, quizá también acudiese un director de cine. Para mí­ era un casting en directo. En El Molino aprendí­ que es mejor ser segunda y hacerlo muy bien que ser primera y hacerlo de forma mediocre.


- ¿Cómo fue el salto al teatro con La Cubana?

- El Molino era como un tablón de anuncios para promocionarme. Y me salió bien. Vino el director de La Cubana y me escogió. La experiencia fue maravillosa. Ahí­ me dieron muchas ideas para actuar. En la compañí­a habí­a una premisa buení­sima: fijarse en la gente del metro, del mercado… Esa cotidianidad ya me ha quedado para toda la vida. Yo trabajo de fuera a dentro: a partir de lo que me sugiere la persona por su aspecto, el personaje crece en mi interior. Una buena actriz tiene que ser sumamente chafardera y un poquito desgraciada.



- Entiendo que esa observación le sirvió para sus inicios en la televisión con Homo Zapping. Llegó a ser complicado no pensar en usted al ver en la pantalla a Marí­a Teresa Campos.

- La verdad es que yo no tuve en cuenta cómo pensaba ella ni lo que sentí­a. Me fijé en la tipa que veí­a. Lo de cogerme las tetas me lo inventé. Me salió solo porque imaginé que una persona con su fí­sico suele hacer eso. Con lo que alguien habla, con la forma en que se viste, intuyes un poco quién es por dentro. Actores a los que admiro mucho se aprenden el guion sin ningún tipo de rodeo. Pero yo soy bastante creativa. Eso también me lo enseñó La Cubana, pues los guiones se escribí­an de pie, se iban formando a medida que í­bamos interpretando.


- ¿En Homo Zapping también trabajaban así­?

- Nos lo inventábamos. Y eso era gracias a José Corbacho, que nos daba libertad. Él también vení­a de La Cubana… En cierta ocasión dije que me daban mucha rabia las preguntas sobre mi experiencia con Almodóvar. ¡Apenas salgo dos minutos en Volver! Considero que es una falta de respeto hacia la actriz, incluso hacia el director, que pregunten por él solo porque sea conocido.


- Aunque fuesen solo dos minutos, dejó huella. 

-En el programa Hable con ellas coincidí­ con Pedro Zerolo, que tení­a cáncer. Yo dije que no podrí­amos meternos con él como polí­tico si estaba enfermo. Me comentaron que Pedro era maravilloso y comprobé que tení­an toda la razón. No se parecí­a al tí­pico polí­tico. En aquel encuentro me confesó que le habí­a servido de mucho una de las frases que pronunciaba mi personaje en Volver: "Agustina tiene cáncer". Gracias a eso vi que mi trabajo llegaba a la gente. Por casualidades de la vida y por chafardera, un dí­a vi un cortejo fúnebre ante el Ayuntamiento de Madrid y me encontré a Pedro Zerolo en un ataúd. Estuve con la familia hasta el final porque me reconocieron. Imagí­nate lo que dieron de sí­ aquellos minutos en Hable con ellas.



- Uno de sus papeles fundamentales fue el de Noemí­ Argí¼elles en Paquita Salas, que le reportó el premio Feroz. ¿Cómo vive usted el hecho de que nadie se saque todaví­a ese papel de la cabeza?

- El otro dí­a lo pensaba. Es muy fuerte. Lo vivo muy bien porque, aunque no era una gran producción y cobré poquí­simo por las circunstancias, luego sí­ me dio dinero. Siempre calculé que aquello era una siembra. Yo no sabí­a ni quiénes eran los Javis cuando pensaron en mí­ para participar en La llamada. Tuve que decirles que no sabí­a cantar, claro. Después me llamaron para hacer de Noemí­ Argí¼elles y estuve encantada de aceptar. Cobrábamos poco, y supongo que ellos nada. Pero vi que ese era el lugar en el que tení­a que estar. Detrás de las cosas que te dan risa hay un drama. Al comentarme la posibilidad de hacer spin-off de la serie, yo no querí­a porque esa señora no tení­a padre ni madre. Era de esa gente que un dí­a te llega con que se ha muerto su hermano en un accidente de moto… y nunca te ha hablado de él antes. Noemí­ Argí¼elles no lloraba. Era incapaz de ser tierna porque se limitaba a sobrevivir. La única persona a la que querí­a es Paquita Salas, así­ que pensé que el spin-off sin Brays [Efe] quedarí­a cojo. En este momento de mi vida me gustarí­a crear algo


- ¿Tiene algo en marcha?

- Hay una serie escrita. Adelanto que no es la tí­pica historia de señora separada, no es la serie que esperan de mí­. No desisto porque creo en ese proyecto. Lo escribí­ con un guionista que elegí­ yo y con varios actores de La Cubana. Creábamos el guion como nos enseñaron en la compañí­a, mientras í­bamos haciendo. Y en la grabación se vuelve a improvisar. Así­ es como trabajan los Javis.


- Repitió en la órbita de los Javis con Cardo, que tení­a un registro mucho más dramático.

- Fue un papel pequeño… Conocí­a a Claudia Costafreda del corto Benidorm 2017 y se la recomendé a los Javis. Hay algunos directores con los que he trabajado que están encantados conmigo y sé que me quieren. Por ejemplo, Paco León, que es como de la familia, me da papeles de tercerona.



- Bajo la dirección de José Corbacho sí­ encabezó el reparto de Un nuevo amanecer, que se estrenó en 2024.

Ser protagonista es lo mismo que ser secundaria, pero más rato. Ahí­ acababa de morir mi madre y me acababa de divorciar. Pero actuando te olvidas de todo lo demás.


- Usted siempre se come la pantalla, aunque sea con intervenciones breves. ¿Por qué no la llaman más como protagonista?

- Está mal visto ser creativa. Yo estoy un poco en la parra, no soy estrella. Y a la industria le gusta el estrellato. No es una crí­tica, yo lo admiro. Por más que la gente me quiera, ellos notan algo diferente. Quizás notan que mis conexiones no están muy bien.


- Hace poco le diagnosticaron trastorno de déficit de atención (TDA). Y fue usted de las primeras en hablar de la salud mental. ¿Sigue viendo cierto tabú? 

- Yo expliqué que mi madre tení­a trastorno lí­mite de la personalidad (TLP). Los actores no podemos hablar de este tema porque tenemos miedo de que no nos den trabajo. Nosotros mostramos comprensión hacia la enfermedad mental, pero nadie dice: "Oiga, yo soy bipolar". El verdadero artista está para revolucionar, y todo lo que sea revolución da miedo. Yo me moriré seguramente como una artesana de lo que hice. Y puede que otra persona quede de buena cómica. A mí­ el que me hace caso es el público, sé que suena muy manido. Al público se lo debo todo. La gente de la calle es la que me cree.

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