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26-12-2025


Zoé Arnao

"Mi adolescencia ha sido un contraste grandísimo: para algunas cosas, muy pequeña; para otras, muy mayor"




Nacida en una familia de actores, hace cinco años España se enamoró de ella con su debut en 'Las niñas'. Desde entonces no para de encadenar series y películas con las que se ha curtido en el territorio del 'thriller'. Recientemente lo ha petado en Netflix con los episodios de 'Dos tumbas' y vamos a disfrutarla en la gran pantalla con 'Día de caza'



Texto: ARANCHA MORENO

Fotos: ENRIQUE CIDONCHA

La primera vez que vimos a Zoé Arnao en la pantalla fue con su papel de Brisa en la celebrada Las niñas (2020). Era la ópera prima de la cineasta Pilar Palomero y también su primer filme como actriz. Tenía solo 14 años. Con el tiempo irían llegando thrillers como Faro (Ángeles Hernández), La casa entre los cactus (Carlota González-Adrio) o Verano en rojo (Belén Macías) y el musical estadounidense Camino a Belén (Adam Anders). Tras intervenir en las series El inocenteLa noche más largaApagónJo mai mai o la reciente Dos tumbas, la próxima primavera aparecerá junto a Blanca Portillo, Carmen Machi y Rossy de Palma en Día de caza, secuela del clásico de Carlos Saura La caza. Aventura extrema la de matar conejos bajo el sol cacereño de agosto, recuerda desde el céntrico hotel madrileño en el que transcurre esta entrevista. Habla mientras remueve plácidamente su taza de manzanilla con miel. Le vendrá bien calentar la voz porque en unas horas va a hacer un casting. Y en francés.

 

- Antes de debutar con Las niñas, ¿cómo era su relación con este oficio?

- Mis padres son actores. Mi padrastro, también. Siempre he estado ligada a esto. Yo no quería ser actriz. Ya se dedicaban a ello mis padres, así que no me llamaba la atención. Hasta que mi madre me propuso ir a clases de teatro con ocho años como actividad extraescolar. Jugaba y me lo pasaba muy bien. Ahí me enamoré de la actuación.

 

- ¿En qué momento pasó de ser un juego a una profesión?

- Hace poco. Para mí siempre va a ser un juego. Querré hacerlo toda mi vida. Pero desde los 18 sí lo veo más como un trabajo. Al haberme independizado, de algo hay que vivir.



- ¿Cómo llevan sus padres y su padrastro que usted se dedique profesionalmente a esto?

- Están muy contentos. Es genial poder preparar los castings en casa porque ellos hacen de director, cámara, coach Me conocen bien y me ayudan un montón. A mí no me gusta demasiado verme, por lo que siempre les confío a ellos el primer visionado cuando hago una película. Así me corrigen.

 

- Su proyección ha ido disparada en este último lustro. ¿Qué consejos le da su entorno?

- Me ayudan con el tema psicológico. Pese a que todo ha ido rápido, nos lo hemos tomado con ilusión y con calma, pues sabemos que quizás pare en algún momento. Si eso ocurre, no pasa nada. Miraré hacia delante. Este trabajo no es fácil, muchas veces no depende de ti. Por eso quiero estar agradecida y disfrutar al máximo cuando pasen cosas buenas.

 

- Estudió interpretación y teatro musical y comenzó el grado profesional de Danza Contemporánea. ¿Bailar era su plan B?

- Al principio era el plan A. Cuando rodé Las niñas asistía al segundo año de conservatorio en el Institut del Teatre y ya había acabado Primaria en la escuela artística Oriol Martorell, en la que crecí aprendiendo música y danza. En el conservatorio cursé un año de clásico y dos de contemporáneo. Lo dejé porque exigía muchas horas al día y mucha energía, y cuando te das cuenta de que ese no es tu sueño… Para entonces, lo que más me llenaba era la actuación.

 

- Esa formación le habrá dejado poso para su faceta de actriz.

- Sí. La danza te enseña a mover el cuerpo, te ayuda a tener presencia. Y en el teatro empecé a los ocho años y no he parado de formarme.



Las niñas mostraba el despertar de la adolescencia. ¿Algunas cosas las ha vivido antes en la ficción que en la realidad?

- Sí. Gracias a los rodajes he madurado mucho. En ellos te rodeas de gente más mayor, desde los directores a los técnicos, los actores… Surgen conversaciones más nutritivas que con gente de mi edad. Pero, al mismo tiempo, seguía teniendo cosas de niña. Mi adolescencia ha sido un contraste grandísimo: para algunas cosas era muy pequeña y para otras era muy mayor.


- ¿Cómo fue trabajar con Pilar Palomero? Ella también estaba debutando, aunque detrás de la cámara.

- Ella es supernatural y genuina. Un amor. Busca la verdad en las actrices, por eso sus películas son tan bonitas. Podría decir que ha sido un poco mi madrina porque, gracias también a ella, estoy trabajando tanto en la actualidad. 

 

- Esa producción fue reconocida con los Goyas a la mejor película, dirección novel y guion original. ¿Cómo cambió su vida en aquel momento?

- No cambió tanto. Aquella ceremonia de los Goya coincidió con la pandemia. Recuerdo que fuimos al Festival de Málaga, pero no vivimos del todo el boom que fue Las niñas. A la gente le gustó mucho, y eso fue maravilloso.



- Algún crítico afirmó que en La casa entre los cactus se erigía usted en la verdadera dueña de la historia. No es poca cosa si se comparte elenco con Ariadna Gil y Daniel Grao. ¿Cómo encaja este tipo de comentarios?
- Esos comentarios me ayudan porque no tengo mucho ego, diría que sufro el síndrome del impostor. Me sirven para ver que lo estoy haciendo bien.

 

- Los medios ya la señalan como uno de los relevos generacionales más interesantes del panorama español. ¿Las expectativas pesan o empujan?

- Lo que tienen que hacer es empujar a los directores de casting [risas]. Están diciendo esas cosas, pero trabajar no depende solo de mí. En cualquier caso, me parece guay que las digan. No me siento presionada por ello. Veremos qué sucede en el futuro.


- En la ficción ha sido también hija de Hugo Silva. Juntos los vimos en el largometraje Faro. ¿Las historias de terror generan el mismo miedo al actor que al espectador?

- En Faro me metí a fondo, lo di todo. Lo pasé muy bien en la filmación, aunque mi personaje lo pasaba bastante peor… Mi rol en Dos tumbas también iba sobrado de cosas muy dramáticas. En esas ocasiones intento dejar a un lado el personaje en cuanto termino de actuar, no es sano llevártelo contigo.

 

- La mencionada Dos tumbas escaló rápidamente en el ranking de series en lengua no inglesa de Netflix.

- Fue complicado grabar con acento malagueño. Las escenas dramáticas se vuelven aún más difíciles en un acento que no es el tuyo. Di clases de dicción para conseguirlo. Y creo que lo hice suficientemente bien.



- Alguna vez ha dicho que se siente cómoda trabajando con mujeres. Ya ha actuado para Pilar Palomero, Carlota González-Adrio, Isa Campo, Ángeles Hernández y Belén Macías. ¿Qué diferencias percibe cuando los proyectos no los dirigen hombres?

- Un hombre no puede saber todo lo que sentimos porque no lo ha vivido ni lo vivirá. Y viceversa. Pero aproximarse a ello es parte de su labor. Quizás a mí me toque dirigir algún día a una mujer de 80 años y tampoco habré vivido muchas de sus experiencias. Dentro del audiovisual hay de todo: mujeres más técnicas, hombres muy sensibles… Me gusta que haya de todo en los dos sexos.

 

- ¿Probar suerte en la dirección figura entre sus planes futuros?

- Sí. Aunque actuar es mi sueño, me gustaría dirigir algo. 

 

- Está cumpliendo más de un sueño. Sabe lo que es una producción internacional gracias a Camino a Belén, de Adam Anders. ¿Qué tal esa vivencia?
- Muy bien. Como era un musical, di clases de canto. Fue divertido actuar en inglés y vestida de pastorcillo. Me encanta conocer gente y ver cómo trabajan en otros lugares del mundo. Siempre me he sentido cómoda con los idiomas. Mi padre es francés y yo soy trilingí¼e.

 

- Para la pequeña pantalla grabó uno de los episodios de Apagón. ¿La realidad la prepara a usted para la ficción o al revés?

- Ahí la ficción me preparó mucho para la realidad. Después de grabar esa serie, en casa teníamos un pack de supervivencia. Nos vino bien para el apagón del año pasado. Y también aprendí varios trucos. 



- Próximamente aterriza en la cartelera el filme Día de caza, donde comparte elenco con Blanca Portillo, Carmen Machi y Rossy de Palma. ¿Cuál ha sido la mayor dificultad de esta aventura?

- Lidiar con el síndrome del impostor estando junto a semejante triángulo de actrices veteranas. Son increíbles. En la película solo intervenimos nosotras cuatro. A veces me preguntaba qué hacía yo ahí. Pero hicimos muy buen equipo y superé mis miedos. Ahora espero superar el qué dirán cuando llegue el momento de estrenar.

  

- ¿Le estresa la exposición que conlleva este oficio y pensar en cómo será vista por el público?

- No tengo redes con demasiados seguidores ni mil ojos encima. Ahora estoy tranquila, de momento tengo intimidad. Luego haré la promoción y, aunque ese no sea el sitio más cómodo para mí, lo llevaré bien. A ver dónde me conduce todo esto.

 

- Con la prudencia que suelen mostrar los actores ante sus proyectos, ¿qué podría adelantarnos sobre Día de caza?

- El rodaje fue corto, intenso, con mucho calor. En una dehesa de Cáceres en pleno agosto. No resultó sencillo. Llegué a pensar que mis compañeras no iban a poder, pero demostraron ser unas jabatas, fui yo la que más sufrió. Me dieron dos jamacucos.

 

- ¿En qué espejos se mira usted como actriz?

- En muchísimos. Me encanta ver buenas actuaciones en series y películas, sentirme inspirada y pensar: "Esto lo quiero hacer yo". Me encantan Tilda Swinton, Cate Blanchett, las compañeras con las que participo en Día de caza, Emma Suárez, Anna Castillo… Y el talento de Ana Rujas me parece increíble, en Cardo yo puse cara a su María de joven.

 

- ¿Y si tuviera que elegir una película favorita?

- Favorita, no. Sí tengo mis comfort moviesThe bling ring y Little Miss Sunshine

 

- ¿Se trae entre manos algo más para este 2026?

- Me presento a castings y espero proyectos. Como ahora vivo en Madrid, no gastaré tanto en el AVE.

 

- ¿Se animaría con algún montaje teatral?

- Sí. He hecho algún casting de teatro y me lo he pasado estupendamente. Hace tres años no estaba tan segura, pero me veo con ganas de intentarlo. 

 

- Con solo 20 añitos y toda la vida por delante, ¿a qué aspira Zoé Arnao?
- A actuar mucho y en distintos sitios del mundo. A escribir y dirigir una película o alguna serie.

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